En Venezuela asesinan al doble de personas que en Irak
El ministro del Interior ha dado unas cifras sobre la violencia en Venezuela: 12.249 personas fueron asesinadas entre el 1 de enero y el
Muertos muertos
Aunque se trata de un periodo de tiempo anecdótico no me parece una comparación despreciable. No tanto porque subraye la figura del general Petraeus (hombre del año para Time), la mejoría que ha supuesto el cambio de la estrategia norteamericana y la evidencia que también la muerte se cansa; lo más interesante afecta a Venezuela y al paisaje de opaca guerra civil que esos números dibujan.
Pueden añadirse otros muy reveladores. Los de Colombia, por ejemplo, que pasa por ser el país más violento del mundo, y cuya terrible coyuntura parece muy interesado en aliviar el presidente Chávez. En 2006 (no he sabido encontrar las cifras de este año, pero son, probablemente, más bajas) murieron violentamente 16.302, una cifra que ha disminuido en relación a otro años y que prueba el éxito de la llamada política de “seguridad democrática” del presidente Uribe. Los muertos diarios colombianos son 44; una cifra algo más alta que la venezolana (aunque quepa apuntar que Colombia tiene 42 millones de habitantes); pero gran parte de la opinión no se muerde la lengua al decir que son resultado de una “guerra civil”. De “guerra civil” también se habló en el sur italiano: pero las víctimas de la Mafia no superaron, ni en los peores tiempos, los mil asesinatos anuales.
Una última cifra, para que se acabe de ver bien lo que sucede en Venezuela: en España mueren al día dos personas a causa de alguna forma de violencia.
La pregunta es en qué lugar del imaginario periodístico mundial están esos muertos venezolanos; quiénes son, y cuando y a causa de qué mueren. Venezuela. Su petróleo. Sus bellas mujeres. Su Bolívar y su porquénotecallas, ese rap. Desde la evidencia de los doce mil muertos todos los movimientos de Hugo Chávez por el mundo, incluidos sus amorosos contactos con la arruinada intelligentsia marxista europea, sólo son una obscena maniobra de distracción. Los asesinatos venezolanos golpean, principalmente, en la conciencia del demagogo. Pero también en una opinión mediática, que a diferencia del espectacular trabajo realizado con los crímenes de Medellín, Nápoles o Ciudad Juárez, aun no ha sabido encontrarle a los muertos de Caracas foco, argumento y glamour.
