Djilas y nuestra izquierda (Hermann Tertsch)
“Leído ahora, el libro de Djilas no revela sino lo después evidenciado por la apertura de archivos de los regímenes comunistas y en toda la bibliografía sobre el totalitarismo comunista que saldría a la luz en décadas posteriores, con joyas como el monumental «Archipiélago Gulag», de Alexandr Sozhenitsin o la novela -tan justamente celebrada en España- «Vida y destino» de Vassili Grossman. Pero en «La nueva clase» estaba por primera vez «todo» lo necesario para entender que el comunismo -y no sólo la desviación estalinista del mismo como había mantenido Nikita Jruschov un año antes en el XX Congreso del PCUS- era, en sí mismo, un terrible error moral y un crimen masivo y sistemático.”Me entero por Hemiplejía moral del artículo de Tertsch en ABC. Hermann Tertsch es periodista especializado en temas de política internacional. En 1983 inició su labor en el diario El País. Desde 1993 hasta 1996 fue subdirector de este diario, responsable de la sección de Opinión, del que ha sido expulsado recientemente por su independencia en asuntos como el proceso de negociación con ETA, el conflicto Israelo-palestino o la dictadura cubana:
POCOS se han acordado durante el año recién despedido de la efeméride de una gesta política e intelectual que merece los honores y la gratitud de todos aquellos que creen que la verdad en la política no es un bien canjeable o modificable al antojo de las conveniencias. Lamentablemente es lógico que, en los tiempos que corren, pocos sepan que en 1957 se publicó un libro que, como pocos del siglo XX, reunía todos los elementos que convierten un trabajo intelectual en un acto de suprema entereza y entrega, de gesta personal, lucidez implacable y victoria de
Entre 1914 y 1989, la guerra europea hacinó cadáveres por todos los rincones del continente, condenó a la esclavitud a centenares de millones de europeos, despertó odios y vilezas inimaginables y generó dolor en cantidad e intensidad nunca conocidas. Pero nos legó, además de gestas colectivas conmovedoras, testimonios de la grandeza del ser humano que siempre mantuvieron vivo el mensaje ejemplar del poder único que reside en la conciencia de
Hace medio siglo, Djilas, un comunista montenegrino, bregado en la clandestinidad, la guerra y el poder, acostumbrado a matar y a ver morir, dijo ¡Basta ya! Mano derecha de Josip Broz «Tito», miembro de la cúpula comunista de Yugoslavia hasta 1953, tres años más tarde hizo llegar a Nueva York un manuscrito, escrito en el máximo sigilo, que aun hoy conmueve. Era «Nova Klasa». Su ruptura ya se había consumado. Con «La nueva clase» hizo temblar los cimientos del firme andamiaje de la mentira ideológica del comunismo. Y el de aquella izquierda europea que -con la excepción de la socialdemocracia anticomunista que lideró Kurt Schumacher desde el SPD- mantenía su relación de complicidad con las «democracias populares» de los regímenes comunistas. Hay que recordarlo ahora que nuevos experimentadores nos proponen «democracias avanzadas», en Iberoamérica o aquí, con actualizaciones del «antifascismo» frentepopulista y el antioccidentalismo, la fobia antinorteamericana, la agresividad anticatólica o la demanda de limitación de libertades individuales en aras de supuestos derechos colectivos bajo el disfraz de multiculturalismo, el nacionalismo o el «socialismo del siglo XXI».
Leído ahora, el libro de Djilas no revela sino lo después evidenciado por la apertura de archivos de los regímenes comunistas y en toda la bibliografía sobre el totalitarismo comunista que saldría a la luz en décadas posteriores, con joyas como el monumental «Archipiélago Gulag», de Alexandr Sozhenitsin o la novela -tan justamente celebrada en España- «Vida y destino» de Vassili Grossman. Pero en «La nueva clase» estaba por primera vez «todo» lo necesario para entender que el comunismo -y no sólo la desviación estalinista del mismo como había mantenido Nikita Jruschov un año antes en el XX Congreso del PCUS- era, en sí mismo, un terrible error moral y un crimen masivo y sistemático. Desde dentro del sistema, uno de sus prácticos y teóricos más reputados denunciaba la esencia misma del régimen como totalitaria, cleptocrática y asesina en un análisis nunca superado en este medio siglo. Desde la publicación de «La nueva clase» y pese a su celebridad en el exterior -que le salvó de desaparecer para siempre en alguna oscura prisión-, ya no dejaría de entrar y salir de la cárcel hasta la muerte de Tito. Pero nunca volvió a estar solo como lo estaba cuando callaba ante
Ahora, casi veinte años después de la caída del muro de Berlín, vuelven a ser muchos los que consideran que la libertad, la propiedad y la democracia -sin adjetivos- son valores relativos y subordinables a nuevos planes de experimentación social y transformación del individuo. Y no se trata sólo de profesores españoles o cubanos asalariados de Hugo Chávez, populistas indigenistas o entusiastas del castrismo. Cuando dirigentes izquierdistas europeos como Oskar Lafontaine declara pletórico en Madrid que las posibilidades de la izquierda aumentan porque «entre la juventud hay más antiamericanismo que anticomunismo», es que la deriva va más allá de la confusión moral y política del sectarismo y la radicalidad izquierdista que se ha adueñado del socialismo en España. Esta involución de la izquierda hacia el abandono de la socialdemocracia y la reinvención de la felicidad colectiva y de la imposición de una «justicia» superior a
