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Suecia cambia de modelo ante el fracaso de su Estado del Bienestar

En la primera parte de su libro publicado por FAES “Reinventar el Estado del Bienestar. La experiencia de Suecia”, Mauricio Rojas explica que el modelo de Estado benefactor sólo se sostiene con pleno empleo y con una pirámide demográfica conveniente. Suecia recurrió a partir de los años 60 y 70 a disparar el empleo público y la tributación hasta límites insostenibles, con el resultado del crecimiento del paro y de una pérdida real de dinamismo en su economía. Son impresionantes los gráficos que aporta el autor para acreditarlo: mientras que en 1965 Suecia era el primer país desarrollado en términos de porcentaje de su PIB sobre el norteamericano, en 1995 era el último

El “modelo sueco” cambia de bando: la “revolución pendiente” de Aznar

Carmelo López-Arias en El Semanal digital.

Mientras Felipe González, discípulo de Olof Palme, resucita con un insulto, Mauricio Rojas “reinventa” para FAES el Estado del Bienestar, un desafío con mucho camino por recorrer en Europa.

Tras el Congreso de Suresnes, en 1974, cuando Felipe González fue elegido secretario general del PSOE, el primer mandatario que le recibió fue Olof Palme. Eran los años de oro en la propaganda del modelo sueco de Estado del Bienestar, el clavo ardiendo al que se agarraba buena parte de la izquierda para no ser comparada con el fracaso del socialismo real en la Europa del Este.

González volvería al país escandinavo para conocer el funcionamiento de dicho modelo, y a partir de 1982 aplicó algunas de sus recetas en la oferta y gestión de los servicios públicos básicos (sanidad, educación, pensiones) e incluso en una tributación casi confiscadora para mantener el tinglado. Fiel a su pragmatismo (Palme era más dogmático), González rectificaría luego los extremos más lacerantes de falta de libertad del beneficiario.

José María Aznar abordó en su etapa algunas reformas en el marco general del modelo, por ejemplo flexibilizando el mercado de trabajo y bajando los impuestos, y con las grandes privatizaciones de empresas públicas que permitieron disminuir el déficit, bajar la deuda y, disparando el número de cotizantes a la Seguridad Social, salvarlo de la quiebra, condición sine qua non para todo cambio en profundidad.

Sin embargo, el Estado del Bienestar sigue con su revolución pendiente, y a explicarla, mostrando cómo se ha llevado a cabo en Suecia -otra vez país modelo- ha dedicado Mauricio Rojas un breve pero contundente ensayo prologado por el ex presidente del Gobierno y publicado por la editorial de FAES: Reinventar el Estado del Bienestar. La experiencia de Suecia (Gota a Gota).

Lo que ahora es posible

Rojas, chileno de nacimiento y con nacionalidad sueca, es diputado y ha presidido el Instituto Timbro de Estocolomo, conocido por sus estudios económicos doctrinales y de coyuntura. Llegó a Suecia en 1974 y en aquellos tiempos, como recuerda en la Introducción, “era impensable que los ciudadanos pudiesen elegir la escuela para sus hijos o el centro médico en el cual ser atendidos”, salvo para la minoría muy rica, una vez sangrada fiscalmente. El nivel de bienestar era alto, pero a costa de sacrificar casi totalmente la libertad de elección.

Hoy, sin embargo, numerosos monopolios públicos han sido abolidos y existe una red de escuelas y hospitales privados o de gestión privada que trabajan en colaboración con el Estado para posibilitar que el acceso al servicio, configurado como derecho en la legislación, sea libre al mismo tiempo que sigue siendo gratuito. Esperanza Aguirre está trabajando ese sistema en la gestión hospitalaria en la Comunidad de Madrid, y es la esencia del sistema educativo del cheque escolar, que cada vez se demanda en España con mayor intensidad para garantizar la libertad real de elección de centro de enseñanza.

Historia de un fracaso

En la primera parte de su libro, Rojas explica que el modelo de Estado benefactor sólo se sostiene con pleno empleo y con una pirámide demográfica conveniente. Suecia recurrió a partir de los años 60 y 70 a disparar el empleo público y la tributación hasta límites insostenibles, con el resultado del crecimiento del paro y de una pérdida real de dinamismo en su economía. Son impresionantes los gráficos que aporta el autor para acreditarlo: mientras que en 1965 Suecia era el primer país desarrollado en términos de porcentaje de su PIB sobre el norteamericano, en 1995 era el último.

La crisis financiera del sistema hizo urgentes una serie de medidas que adoptó el conservador Carl Bildt durante su gobierno de 1991 a 1994 y continuaron los socialdemócratas Gösta Carlsson (1994-1996) y Göran Persson (1996-2006), y de nuevo los conservadores de Fredrik Reinfeldt desde 2006 hasta hoy.

¿Qué es lo que ha cambiado?

La esencia de las reformas emprendidas es la ruptura del monopolio público en la provisión de los servicios sociales básicos: educación, sanidad y pensiones. De una “economía planificada cerrada” se ha pasado a “un sistema de bienestar mixto, basado en la participación y colaboración de tres actores distintos: el Estado, el empresariado y los ciudadanos”. De benefactor por cuenta propia, el Estado ha pasado a garantizar el acceso igual de los ciudadanos a los derechos sociales, pero en un régimen lo más parecido posible a la competitividad del mercado.

Con todo, hay una “anomalía sueca” que Mauricio Rojas destaca porque obstaculiza la aplicación de estas reformas fuera del país escandinavo. Y es que allí determinados privilegios de los empleados públicos que dificultan la competitividad (como la inamovilidad del cargo) se circunscriben a un reducido número de funcionarios (jueces, por ejemplo), pero no a los que trabajan en el área del bienestar.

El resultado

En Suecia el nuevo modelo puede considerarse un éxito casi absoluto, al menos en cuanto a impedir el desplome del sistema. En materia de enseñanza, por ejemplo, el número de alumnos en las escuelas independientes se ha multiplicado por diez en los últimos catorce años, y el grado de satisfacción de los padres en todas las magnitudes (disciplina, material pedagógico, apoyo a los alumnos más y menos adelantados, colaboración con los padres, transmisión de valores, fortalecimiento de la autoestima del alumno y atención a sus necesidades individuales) duplica, según datos de 2006, al de las escuelas municipales.

Las páginas que Rojas dedica al nuevo modelo educativo son de lectura obligada para convencerse de la viabilidad del cheque escolar, discutida por sus detractores. Y eso a pesar de que, como confiesa el autor, la educación en Suecia padece lacras fundamentales porque sufrieron males parecidos a los que impusieron en España José María Maravall y Javier Solana: allí también el espíritu Logse “devaluó la transmisión de conocimiento como objetivo central”, “rechazó los controles del conocimiento adquirido” y debilitó “las atribuciones de los profesores para mantener una disciplina básica en las aulas”.

Asimismo las pensiones han experimentado reformas sustanciales, con la sustitución de un sistema de reparto puro (como el español) por uno mixto de reparto y capitalización que Rojas considera “ingenioso”. En sus cinco años de vigencia hubo excedentes en la diferencia entre cotizaciones y pagos, si bien es pronto para una evaluación definitiva.

Antes se habían puesto en marcha una serie de reformas “pro-trabajo”, implantadas cuando se apreció que la recuperación económica no iba acompañada de un aumento del empleo. Simplemente, los “beneficios recibidos por no trabajar” eran excesivos. En su presentación del libro, que tuvo lugar en Madrid el pasado martes, José María Aznar recordó su tesis de 1996 de que la mejor política social era favorecer el empleo mediante las flexibilizaciones precisas y la incentivación fiscal del trabajo.

La “revolución pendiente”

Según Rojas, la tarea a completar es concluir la transición del Estado benefactor al Estado posibilitador: un término intermedio entre lo que fue Suecia y es Francia (Nicolas Sarkozy llegó al Elíseo justo para sacar al país del anquilosamiento) y el Estado subsidiario de Estados Unidos. Un cuadro comparativo de los tres modelos aclara los conceptos al final del libro.

Que ésta es también la “revolución pendiente” en España lo da a entender -la expresión la aplicamos nosotros- Aznar en el prólogo. Basada en tres ejes: libertad de elección, sostenibilidad financiera y separación “entre el Estado que provee los servicios y el Estado que produce dichos servicios”. Va en la línea de uno de los cuatro pactos de Estado que Mariano Rajoy quiere proponer al PSOE si gana las elecciones: garantizar el futuro del sistema de salud y de pensiones. Y durante el primer debate en televisión con José Luis Rodríguez Zapatero, al candidato del PP también se le escuchó reclamar en materia educativa, como hace Aznar en estas páginas introductorias, “reconocimiento del mérito, el esfuerzo y la autoridad del profesor”.

El modelo sueco ha pasado pues de ser un referente de la izquierda, a hundirse y renacer como referente de la derecha. Eso sí, los resultados parecen acompañarle ahora mejor que cuando Olof Palme le daba consejos a Felipe González, quien por fortuna no los siguió todos. Quizá porque en aquel entonces dejaba lo de insultar para Alfonso Guerra.

12/03/2008 | Liberalismo, Socialismo | one comment

1 Comment »

  1. Por supuesto que el modelo sueco no funciona! Ademas , Olof Palme “puso” la huchita para recaudar fondos para ETA, sabian Uds esto? yo lo conoci por un gran amigo español, que es todo un erudito en la Historia de España.Esto no es palabreria, esta documentado.

    Comment by Drina Kvesic | 27/04/2008

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